Abrigué cada penuria que me confiabas, y en mis entrañas, te ganaste un buen lugar. Conocí cada rincón de aquella alma que se distingue por su eterna inmensidad. El amor fue tan bien hecho, que infinitas son las gracias que nos concederá. Desnudé, por fin, al ángel que erotiza con caricias de la más bella suavidad. Debería reconocer que yo he sido, aquella tarde, una muchacha afortunada, por robarte una sonrisa con la prisa de un diablo intratable. Por hacerte parte mia,y en un descuido desnudar a este ángel.