Escribí aquello pensando en él. No era nuestra historia, ni mucho menos, pero cada palabra estaba tintada de la añoranza que sentía y de lo mucho que le echaba de menos.
Contaba como un chico de ensueño con sus rasgos conocía a una chica como yo, era una de esas preciosas historias de amor que solo existen en la ficción. Relataba anécdotas de momentos felices, de besos bajo la lluvia de Paris, y diálogos románticos; hablaba de que "all you need is love".
Lo escribí hace mucho tiempo, cuando aun sentía mariposas de acero en mi estómago al ver sus brillantes ojos, y me pareció perfecto. Me enorgullecí de mi misma, deseé con todas mis fuerzas que él lo leyera.
Pero ahora que lo de 'nada es para siempre' ha pasado a ser un consuelo, veo que no llegué a escribir nunca un verdadero final. Ni siquiera dije que comieron perdices. Y es que entonces no me daba cuenta de que todo acaba. No lo terminé porque mi historia no había lo había hecho tampoco, supongo. Pero ahora que todo ha acabado para mi, creo que es necesario decir que "fue bonito mientras duró" pero que "nada es eterno" y "encontrará a otra". Es necesario que haya un final.